Este es el año de Guimarães Rosa

Este es el año de Guimarães Rosa

Elson Rezende de Mello
Revista Avance, Cuenca, Ecuador, n.º 178, septiembre de 2006

Hace medio siglo apareció su obra estelar que pinta la epopeya mítica y poética de hombres y mujeres del campo brasileño que se enfrentan y desencuentran

Uno de los grandes monumentos de la literatura brasilera, quizás el más destacable, la novela Gran Sertón: Veredas, de João Guimarães Rosa (1908-1967), está cumpliendo 50 años. Desde su lanzamiento, en los ya lejanos años 50 del siglo pasado, la obra solo ha crecido en importancia y vitalidad. A lo largo de ese tiempo, muchos estudios atestiguan su originalidad y su significado para la literatura y la cultura brasileras. En la polifonía de la obra hay lugar para la revolución del lenguaje y la reinvención del sertón, donde se desarrolla una epopeya mítica y poética de hombres y mujeres que se enfrentan y se desencuentran.
Toda la narrativa son reminiscencias de Riobaldo, yagunzo como que jubilado, ahora hacendado, que las cuenta a un interlocutor no identificado, posiblemente un médico. Narra como hizo parte de bando de yagunzos, llegando a jefe, conocido como "Lagarta de Fuego" por su puntería certera. Aparecen personajes como Zé Bebelo, que apadrina a Riobaldo, Hermógenes, que encarna al diablo, y Joca Ramiro, hombre de "tres alturas". Hay también la fuerte presencia del vaquero y yagunzo Reinaldo/Diadorim, hijo de Ramiro, que desea vengar al padre. En aquel mundo en que los hombres se dividen entre ser yagunzos, curas, y voluntarios de la fuerza policial que combate aquellos, y en el que es necesario tener "dura nuca y mano cuadrada" para sobrevivir, Riobaldo narra su atracción física por Reinaldo, sin saber que en verdad se trata de una doncella, Diadorim. Este es el núcleo dramático de la historia, con resonancias de las tragedias griegas.
Pero, qué es el sertón? Es una suerte de páramo, lugar yermo, de vegetación rústica, como rústicos son los hombres que ahí viven. Paralelamente, como páramo no tiene una adecuada traducción al portugués, sertão también no lo tiene al español. Más que cuestiones de lenguajes, entretanto, son temas de la geografía, de los paisajes, que no se traducen.
Sin embargo, Guimarães Rosa, de lo alto de su conocimiento lingüístico, ya había decretado que el sertón está en todas partes. "El sitio sertón se extiende: es donde los pastos no tienen puertas, es donde uno puede tragarse diez, quince leguas, sin topar con casa de morador; es donde el criminal vive su cristo jesús, alejado del palo de la autoridad (...) ... el sertón está en todas partes", escribió en la primera página de la novela.
Gran Sertón: Veredas de alguna manera sepultó lo que se podría llamar literatura regionalista brasilera, por tener mucho de regional, por tratar del hombre ubicado en un espacio preciso, el sertón, pero trascendiéndolo. El mismo sertón que él dijo que está en todo lugar. Después de él, y no solo con esa obra, la literatura regionalista, en el Brasil, ha dejado de ser la misma, y perdió la razón de ser. Como otro gran escritor brasilero, Machado de Assis, de finales del siglo XIX, Guimarães Rosa se hizo universal por ser tan brasilero.
Rosa ha inventado el lenguaje del sertanejo. No que lo intentara imitar, suerte de mimetismo, que muchos intentaron e intentan, con resultados lo mas de la veces trágicos y fechados. Él ha partido de un lenguaje coloquial, acrecido de todo el saber que tenía en el área de las lenguas. Desconstruyó un lenguaje, para construir su propia lengua. En ese sentido, es un poco difícil leerlo, en el inicio. Pero, después que se comienza a familiarizar con sus construcciones y giros literarios, se entra a un mundo poético único, y el lenguaje fluye y deslumbra. Para sacar provecho de Grande Sertón es aconsejable que se vaya conociendo su lenguaje y sus temáticas, con paciencia. Comenzar por los cuentos de Sagarana, su primer libro, publicado en 1946, es un paso imprescindible. En lo demás, es dejarse llevar por la riqueza de su lenguaje y de la sabiduría que emana de sus páginas. El mismo Guimarães Rosa ya indicaba la paciencia y la relectura como forma de aprehensión del contenido de su obra, como leemos en la epígrafe que usa en el libro de cuentos Tutameia, citando Schopenhauer: "De ahí, pues, como ya se dijo, exigir la primera lectura paciencia, fundada en certeza de que, en la segunda, mucha cosa, o todo, se entenderá enteramente bajo otra luz".
Lo que interesa en Rosa no es sólo lo que cuenta, sino cómo cuenta. Con ello, traducirlo habrá de ser muy difícil, porque hay que partir de la recreación. En ese sentido, Rosa mantuvo un contacto permanente con sus traductores, principalmente para el italiano y alemán.
Guimarães Rosa era de formación médico. Fue diplomático y principalmente sertanejo. Nació en Cordisburgo, ciudadcita en el centro de Minas, en el sertón. Es famoso el recorrido que hizo por el sertón, en 1952, acompañando una tropa de sertanejos con su ganado, siempre con su cuadernito, anotando todo. Ese contacto vivo con el mundo del sertón se refleja totalmente en su narrativa. Algunos de sus personajes, y no sólo en el Grande Sertón: Veredas, fueron calcados en sertanejos de carne y hueso. Miguelão, un sertanejo grandote y seco, de barbas blancas, hasta recientemente vivía como personaje suyo, participando de eventos que evocaban a los personajes y el espíritu de la obra roseana. Como Gabriel García Márquez, Guimarães Rosa también se hizo oyendo muchas historias desde pequeño.
Estuvo en su ambiente en la carrera diplomática; hablaba fluentemente inglés, francés, español, italiano y alemán, además de leer en latín y griego. Aprendió ruso, para leer a Dostoievski; chino, para leer a Confúcio; árabe, para Las mil y una noches; dinamarqués, para conocer la obra de Kierkegaard. Y todo ese conocimiento dio el soporte para la construcción de su propio idioma, lo que se refleja en todas sus obras, desde el primer Sagarana, culminando en Gran Sertón.
Fue soldado en la Revolución Constitucionalista de 1932, habiendo también actuado como oficial-médico de la infantería en Barbacena, ciudad del estado de Minas Gerais.
Años después, en conversación con el crítico alemán Günter Lorenz, Rosa entendería esa sucesión de actuaciones como una paradoja: "Como médico, he conocido el valor místico del sufrimiento; como rebelde, el valor de la conciencia, como soldado, el valor de la proximidad de la muerte". Y como diplomático se definió como soñador que intenta arreglar lo que los políticos dañaron. Y él mismo dijo que esos valores constituyen la espina dorsal de Gran Sertón. Fueron experiencias que formaron su mundo interior. "También configuran mi mundo la diplomacia, el trato con caballos, vacas, religiones e idiomas", le gustaba decir.
Rosa, que tematiza situaciones bien diferentes de las que preocuparon al irlandés James Joyce, ya fue comparado a él. Joyce sería más cerebral, mientras Rosa más telúrico, pero tienen en común las recreaciones de mundos y de lenguajes. Fundamentalmente, cada uno a su manera funda su propio idioma.
Gran Sertón: Veredas coloca el sertón en todas partes, porque habla del hombre y de situaciones trascendentales, de amor, odio, venganza, amistad - en resumen, del bien y del mal, pero no muy en blanco y negro: hay matices, hay grises. Cifrados en símbolos, se presentan en su obra resonancias de valores que empezaban a afirmarse en la época, décadas del 40 y 50 del siglo pasado, como la mujer que va ocupando su espacio, y el sentimiento contenido, revestido de tragedia, de una amistad entre hombres, con atracción física, que solo se puede descubrir sin culpas y remordimientos después de la muerte del personaje, mujer que tuvo que pasar toda la vida por hombre para vivir su afirmación y la lucha que le estaba destinada.
El mundo mítico de Rosa es complejo en sus simplicidades de sertanejos que viven sus epopeyas, del sertón que está en toda parte.
Electo para la Academia Brasilera de Letras en 1963, Guimarães Rosa solo asumiría en 1967, falleciendo tres días después acometido de un infarto. Quizás haya postergado el momento para evitar ese final, ya que, cuenta la leyenda (acaso ahora ya sea leyenda), una gitana había le dicho que moriría poco después de lanzar su gran obra. En el año de 1967 lanzó su última obra en vida, el libro de cuentos, algunos bastante cortos, Tutameia, pero realmente su narrativa cumbre es Gran Sertón: Veredas, lo que invalida la predicción de la gitana.
Como suele ocurrir en esas fechas significativas, este año la obra de Rosa debe conocer reediciones, algunas de lujo. Y muchos estudios aparecerán, buscando echar más luz sobre las peripecias de Riobaldo y Diadorim, además de los eventos para celebrar la obra y su autor. Merecidamente vale la pena este año conmemorar su obra cimera, como forma de arraigarlo más y más en la cultura brasilera y universal. En una época de la cultura fast food, la obra de Rosa no deja a nadie con hambre o, peor, engañando su estómago con porquerías que no sostienen.
Otras obras de João Guimarães Rosa: Sagarana (1946), Corpo de Baile (1956), pequeñas novelas (posteriormente dividido en tres volúmenes: Manuelzão y Miguilim, En el Urubuquaquá, en el Pinhém y Noites do sertão), Primeiras Histórias (1962), cuentos, Tutameia (1967), cuentos.