Brasil inicia proceso electoral con Lula de favorito
El Presidente está recuperando altura. Su carisma y el capital político de su origen y de su trayectoria en la vida política del país le dan lastre para continuar inalterable
Elson Rezende de Mello
Revista Avance, Cuenca, Ecuador,n.º 175, junio de 2006
L
as elecciones brasileras se realizarán en octubre, para Presidente de la República, gobernador de estado, diputados y senadores. De manera aún no de todo oficial, los candidatos a presidente ya se ponen a camino. En el horizonte se dibuja la reelección del presidente Luíz Inacio Lula da Silva, que consiguió despegarse del Partido de los Trabajadores y de la crisis que hace un año acomete a su gobierno. Pase lo que pase, la popularidad del presidente no cae, principalmente en las capas menos favorecidas de la población.
El oponente principal de Lula es el candidato Geraldo Alckmin, ex-gobernador de São Paulo, del Partido de la Social Democracia Brasilera (PSDB) en alianza con el Partido del Frente Liberal (PFL), los mismos que administraron el país en los ocho años de la presidencia de Fernando Henrique Cardoso. Pero Alckmin no crece en las encuestas de opinión, y eso incluso está generando desavenencias en la alianza sobre la conducción de la campaña.
Serra sería el mejor nombre del PSDB, con alguna posibilidad en el enfrentamiento con el presidente. Ha sido el gran oponente de Lula en 2002, es una figura de proyección nacional, mucho más que el ex-gobernador Geraldo Alckmin. Pero él fue atropellado por los ímpetus de Alckmin, que acabó escogido por liderazgos del PSDB para ser el candidato. Serra dejó la alcaidía de São Paulo, que gobernaba hace un año, para ser candidato al gobierno del Estado de São Paulo, probablemente ganando en la primera vuelta. Sus partidarios, sin embargo, aún especulan la posibilidad de que él sea, en fin, el candidato del partido en el lugar de Alckmin, si la candidatura de éste no despega.
Si el mayor partido del País, el Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) saliese con candidato propio a la Presidencia forzaría, por lo menos, una segunda vuelta. Pero, como un partido de caciques regionales, continúa dividido entre gobiernistas y oposicionistas. Los primeros todavía se fraccionan entre los que gustarían de apoyar a Lula desde ahora y los que prefieren a Alckmin. Como la denominada ley de la verticalización no permite coligaciones en los estados diferentes de la nacional para la presidencia, el partido quiere estar libre para realizar las alianzas específicas en cada estado, de ojo en la posibilidad de hacer la mayoría de los gobiernos estaduales.
Lula sigue vivamente los desencuentros del PMDB. El vice de sus sueños, en el momento, sería del partido. Es casi seguro, como están las cosas y las encuestas de opinión registran, que sin un candidato del PMDB Lula sea reelecto ya en la primera vuelta.
Los partidos más a la izquierda deben lanzar sus candidatos, más como juras a la bandera, y principalmente para aprovechar la oportunidad de discutir temas afectos a la izquierda y mostrar otros rumbos para el país. Porprimera vez una mujer puede ser candidata a la Presidencia, la senadora Heloísa Helena, por el pequeño Partido del Socialismo y Libertad (PSol), de izquierda. La senadora, de origen en el PT, fue expulsa del partido en el comienzo del gobierno Lula, por no concordar con la inclinación a la derecha de la agremiación y del gobierno.
Lula, que en algún momento de la crisis política que explotó en mayo del año pasado parecía que no tendría ni cómo ser candidato, está recuperando altura. Su carisma y el capital político de su origen y de su trayectoria en la vida política del país le dan lastre para continuar inalterable, además de sus actitudes. Él no dudó en deshacerse de sus más íntimos colaboradores. Ha enfrentado verdaderos tsunamis políticas, como el propalado mensalito, que ha generado una crisis de más de ano y que todavía tiene sus desdoblamientos; como la nacionalización del gas y petróleo bolivianos, que atinge la Petrobrás y la importación de gas para el Brasil; el desprestigio y el deterioro de su base aliada en el Congreso Nacional; y, más recientemente, la crisis de seguridad en São Paulo, con ataques terroristas perpetrados bajo el comando de presidiarios. Casi nada alcanza la figura del presidente, o por lo menos en un porcentaje que le merme las posibilidades de reelección. La grande base electoral de Lula es una masa de pobres y desinformados, principalmente de los estados del norte y del nordeste, que ha sido engañada con políticas compensatorias. La clase media viene alejándose del presidente, y las elites, ah, las elites siempre defienden sus intereses, que en ningún momento estuvieron afectados por Lula. Muchos consideran la falta de alternativa, esgrimiendo el conocido "ruin con él, peor sin él".
Cuadrilla de los 40
El llamado mensalito, que causó la instalación en el Congreso de tres Comisiones Parlamentarias de Investigación (CPIs), estuvo más de un año en auge, configurando una gran crisis en el gobierno Lula, y como nunca se ha visto en el país, denuncias de una apropiación corrupta del aparato del Estado de tal magnitud. Grandes figuras del Partido de los Trabajadores y del gobierno fueron alcanzadas por las denuncias y las investigaciones, como los todopoderosos ministro-jefe de la Casa Civil, José Dirceu, considerado una especie de primer ministro, y el ministro de la Hacienda, Antonio Palocci, el gran avalista de la ortodoxia económica del gobierno y el queridito de las elites financieras. Lula en algún momento en ese período tuvo que pedir disculpas al país y decir que fue traicionado, siempre afirmando que nunca supo nada de lo que acontecía en sus barbas y en beneficio de su gobierno.
El PT ha salido devastado, pero no admite la existencia del mensalito, que en resumen sería la compra de diputados de la base aliada, con cierta regularidad, para que votaran de acuerdo con los intereses del gobierno. El partido se prepara para una campaña electoral en que debe perder representación en el Congreso y casi no elegir gobernadores; su gran soporte es la reelección de Lula. Pero el presidente, con luz propia, casi no precisa del partido para ser reelegido.
La CPI que investigaba el mensalito terminó con 118 pedidos de indiciamiento. La mayoría de los diputados que respondieron a un proceso en la Comisión de Ética de la Cámara, relacionado con acciones investigadas por la CPI, por corporativismo de sus pares y acuerdo entre los partidos de la base aliada, ha salido libre. Sin embargo, una denuncia arrasadora del procurador-general de la República ha presentado, al Supremo Tribunal Federal, 40 integrantes del que él justamente denominó cuadrilla y organización criminosa. Para el procurador, el mensalito significó "desvío de recursos públicos, concesiones de beneficios indebidos a particulares en cambio de dinero y compra de apoyo político".
Con toda esa crisis, Lula no fue suficientemente alcanzado, como esperaba la oposición. Para los opositores bueno fuera que él llegase a la elección herido de muerte. No querían asumir el peso de derrumbar al presidente. Pero tardíamente se han percatado que su estrategia fue un error político, ya que Lula mantuvo su popularidad; pasado el momento, no hubo condiciones políticas para el impedimento del presidente.
Nacionalización del gas boliviano
El decreto, en primero de mayo, del gobierno boliviano de Evo Morales de nacionalizar el gas y petróleo de alguna manera sorprendió al gobierno brasilero, que con la empresa Petrobrás posee intereses en el país, como el principal importador de su gas. Aparentemente, las relaciones de Brasil y Bolivia serían afectadas, y la política externa brasilera tuvo su momento de prueba. El gobierno brasilero, con todo, ha reaccionado con cautela, respetando la soberanía boliviana, aunque la nacionalización no impactase, de inmediato, en la economía brasilera y tampoco pesa mucho para la Petrobrás. Pero principalmente la grande prensa brasilera reaccionó con indignación, casi pidiendo la intervención del ejército para enfrentar el gesto de afirmación del gobierno boliviano.
En el episodio ha quedado evidente que el presidente Lula viene perdiendo terreno en el liderazgo latinoamericano, ocupado por el presidente venezolano. Hugo Chávez estuvo al lado de Evo Morales todo el tiempo, incluso ofreciendo técnicos y abogados para la nacionalización y ayuda para industrializar el gas.
Lula estuvo reticente a responder según las políticas que verdaderamente viene impulsando su gobierno; se ha quedado rehén de su propia retórica. Basta recordar que él apoyaba a Evo Morales cuando éste era aún candidato.
Nuevamente, la imagen de Lula internamente no fue afectada, por más que la oposición reclamase de su debilidad en el trato con Evo Morales y la nacionalización del gas que afecta intereses brasileros, o por lo menos los bríos nacionales.
Ataques en São Paulo
La grave crisis de seguridad que ha vivido el estado de São Paulo, principalmente su capital, en la víspera del día de las Madres, más ha afectado la candidatura de Geraldo Alckmin, que fue gobernador del estado hasta marzo de este año. La rebelión de diversos presidios, ataques criminosos a reparticiones policiales y atentados en la ciudad, con la muerte de policías y ciudadanos comunes y quema de buses, en demostración de fuerza de la cuadrilla formada en los presidios paulistas, Primer Comando de la Capital (PCC), han contribuido para desdibujar el discurso de gran administrador del ex gobernador, que vivía hablando que el país precisa de un shock de gestión. Aunque el gobierno federal tenga su culpa, al descuidar el área de seguridad pública, que en los últimos anos tuvo disminución de recursos, la población ha acreditado la crisis mayormente al gobierno del estado.
El episodio de los días de terror que ha vivido la mayor ciudad del país debe ser explotado en la campaña electoral, después que los cuerpos de los muertos se enfríen. En las encuestas, el candidato Alckmin perdió algunos puntos de popularidad en la ciudad y en el estado, su reducto electoral.
Todo que acontece en el país comienza a explicarse en términos electorales, en beneficio de este o de aquel candidato. De cualquier manera, parece que sólo un tsunami político de proporciones inimaginables puede evitar el favoritismo de Lula da Silva.