Centenario de Samuel Beckett, el innombrable

Centenario de Samuel Beckett, el innombrable


"El arte es saboteado por el absurdo, y ponerlo en evidencia no es más que un desesperado intento de ser coherentes, asumiendo sin excusas que estamos involucrados en él." Samuel Beckett

Elson Rezende de Mello
Revista Avance, Cuenca, Ecuador, n.º 174, mayo de 2006

Todas las veces que miro una foto de Samuel Beckett siempre veo a un pájaro. No sé qué tipo de pajarito, pero brilla en esa faz una mirada inmóvil de búho. Una nariz de águila. Un mechón de pájaro carpintero. De cualquier manera, los ojos son una marca, profundamente escrutadores.

Descubrí a Beckett tardíamente. Sabía de su fama como dramaturgo, del insoslayable Esperando a Godot, pero como no soy muy, o nada, aficionado al teatro, el encuentro con ese autor fue postergándose. He tardado en descubrir a Beckett novelista, que es lo que en esencia él es. Y ahi el mundo que se descortina al lector es gris, monótono, con sus tipos extraños y su cotidiano sin grandiosidad, como suele ser el cotidiano de todos nosotros. Y la riqueza de Beckett reside en eso. Sus novelas son artefactos de la palabra, y, dicho eso, para quien no le conoce puede esperar encontrar ahí grandes construcciones retóricas y barrocas, todo tan lejos de la intención de ese irlandés adoptado por el mundo. La palabra en su obra tiene la principalidad, en lo que a estructura mínima se refiere, en sus límites del decir. Porque Samuel Beckett es escritor que se equilibra en los límites del lenguaje, que por veces puede parecer un obstáculo para el mundo que él quiere que miremos, o mejor, que él nos tira en la cara, imagen arañada de lo que somos. Es escritor que sojuzga, que atrae; sin embargo, exige mucha atención, y siempre deja su impronta, como todo gran autor. .
Descubrir y leer a Samuel Beckett en la América Latina de los grandes escritores y grandes literaturas, aunque de otro registro y a partir de otras incidencias vivenciales, es una aventura imborrable.
El Siglo XX ha sido, irremediablemente, el siglo de Beckett, o, al revés, él ha sido inevitablemente del Siglo XX (aunque el inicio de este otro siglo que nos toca vivir tiene todo que ver con él). Las marcas de la sinrazón de esa época fecundan su obra, suerte de denuncia, de grito que se sostiene en el aire.
Como escribió recientemente el profesor y crítico literario/cultural inglés Terry Eagleton, Beckett es el pesimista más cautivante de la era moderna. A partir de referirse a la participación del escritor en la resistencia francesa a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra, Eagleton también destaca, lo que sería un hecho no común entre artistas modernistas, que un supuesto divulgador del nihilismo fuese militante de la izquierda, en lugar de la derecha: "Defensor de lo ambiguo y de lo indeterminado, su arte provisoria y fragmentaria es supremamente antitotalitaria".
Beckett nació Samuel Barclay Beckett el 13 de abril de 1906, en Foxrock, cerca de Dublín, Irlanda; de ahí que este año tendremos el pretexto de referirnos a él, cuando se conmemoran sus cien años de nacimiento, a él que le gustaba pasar desapercibido. Murió en París, a los 83 años, el 22 de diciembre de 1989.
Antes de dar a conocer la obra que lo lanzaría internacionalmente, Esperando a Godot, en enero de 1953, filiándole definitivamente al teatro del absurdo, ya había publicado las novelas Murphy (1938), Molloy, Malone muere (ambas en 1951). Y también el libro de poemas Whoroscope (1930). Molloy, Malone muere y El inombrable (1953) constituyen una trilogía que el autor consideraba su mejor obra.
Samuel Beckett conoció a James Joyce, también irlandés, en París, y fue su secretario durante cierto tiempo. Llegó a enamorar a la hija del gran escritor, antes que esta enloqueciera. Trabajó en un colegio unos dos años en la década de los 30, habiendo presentado su dimisión en un trozo de papel higiénico.
Beckett vivió la mayor parte de su vida en París. Escribía en francés y después traducía sus obras al inglés. Escribir en una lengua que no era la materna lo forzaba a un despojamiento, que permitía evitar los automatismos de la lengua, lo que él buscaba, "escribir sin estilo". Muchos críticos ven esa opción por el francés como idioma de creación como un esfuerzo del escritor en despersonalizarse y huir de la poderosa influencia de Joyce.
En 1961, junto con el argentino Borges, ganó el Premio Internacional de los Editores. Y en 1969 se consagró más aún con el Nobel de Literatura.
La obra de Beckett presenta un despojamiento de lenguaje e de situaciones, para crear un clima de incomunicación, que tiene cierta sintonía, también, con el existencialismo de la época. Vivió en el Siglo de las dos grandes guerras, teniendo incluso se enrolado en la resistencia francesa, durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que le marcó también, antes de la guerra, en 1938, fue haber sido casi muerto, acuchillado por un mendigo en las calles de París (¿será por ello que los mendigos o emparentados son figuras recurrentes en su obra?).
Beckett se reía de los intentos de buscar símbolos y metáforas en sus obras, principalmente en la más famosa, Esperando a Godot. "No vean un símbolo donde ninguno fue pretendido", dijo alguna vez. La verdad es que las interpretaciones continúan; es parte de las grandes obras suscitar exégesis indefinidamente.
¿Beckett fue el último modernista o un pos-moderno avant la letter?